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Pier B. C. Gerlofs Donia

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Pier B. C. Gerlofs Donia

Mensaje por Pier B. Gerlofs el Mar Ago 02, 2011 10:42 pm

{×} Información Básica


    × Nombres: Pier Búsket Conrad
    × Apellidos: Gerlofs Donia
    × Edad: 21 Años
    × Fecha de Nacimiento: 26 de Diciembre
    × Nacionalidad: Neerlandés
    × Sexualidad: Hombre
    × Orientación Sexual: Heterosexual, no declarado Bisexual.
    × Grupo: Estudiantes

{×} Apariencia Física

Cabello:
Pier Gerlofs, nació con el cabello castaño, oscuro, lacio cuando es bien secado, algo ondulado cuando lo ataca la humedad. Durante toda su vida lo llevó corto, o no demasiado largo, como hoy ocurre. Sin embargo, en señal de rebeldía, lo tiñó –o destiñó- para que quedase rubio, llegando a peinarlo incluso en una cresta.

_________________________________________________________

Ojos:
Las cejas gruesas delinean dos hermosos ojos que de azules pueden tornarse en pálidos grises, por efecto de las luces, el ángulo, u otros factores sin importancia.

_________________________________________________________

Tipo de Piel:

Caucásico, de perfecta y pálida piel rosácea, tensa y suave por la juventud el cuidado que tiene con su salud, con algunas venas sobresalientes, especialmente, y no muy de su gusto, en las manos. Algo enrojecida bajo los párpados cuando llora o se le irritan los ojos, además, fácil de marcar.

_________________________________________________________

Complexión Física:

Su cuerpo es adelgazado, ligeramente más de lo usual debido a la dieta a la que está sometido por haber sido inculcado en el ovolactovegetarianismo, en contraste, resalta la musculatura, trabajada por la vida y por el entrenamiento diario, posee la fuerza necesaria para intimidar a los hombres de mala fe en las calles más peligrosas, pese a que su aspecto sea algo débil. Cabe destacar, nuevamente, las venas que se marcan en su cuerpo; manos, párpados, brazos, vientre, ya sea tensando o sin hacer nada más que un suave movimiento, son impredecibles las apariciones. Clavículas cercanas, hombros perfilados y altos complementan la figura estrecha de caderas, además, sus piernas son delgadas.

_________________________________________________________

Altura:

Jamás fue un hombre muy alto, alcanza el metro setenta y seis descalzo.

_________________________________________________________

Otras Características:

Para vestir: Desenfadado, alocado, a veces demasiado sencillo, otras muy estilizado, rara vez exagerado, aunque le gusta usar tonterías de niños como gorros con orejas, por juego más que por otra cosa, esto principalmente en su entorno más íntimo. Las capuchas amplias y las gorras de lana le gustan mucho, también los guantes. Evita usar cuero de verdad. Patrick le regaló un collar, que jamás se quita. También tiene una cicatriz casi invisible en la planta del pie.

_________________________________________________________

{×} Personalidad

Gustos:

× Gusta de los perros, desde siempre, aunque jamás tuvo uno.
× La música está planeada como su sustento, es una de las cosas que cree, lo mantendría vivo en la peor de la situaciones.
× Tocar, el instrumento que le pongan entre manos, y si no lo conoce, se esforzará por comprenderlo. En especial lo satisface lograr una buena presentación.
× La crema de espárragos es su favorita entre todas, y sólo dos personas la preparan como a él precisamente le gusta.
× Intenta no comer carne, tampoco beber alcohol o fumar.
× El frío le agrada, el modo en que le mantiene despierto, el que sea la excusa perfecta para buscar conseguir una bebida tibia, y el alivio que eso conlleva.
× Le gusta el orden, que nada esté fuera de su sitio si no hace falta, mas intenta no parecer lunático con respecto a eso.
× Los beschuits, típicos de la tierra en que nació. Además, una infinidad de golosinas y pasteles que es mejor no enumerar.
× Su color favorito es el azul.
× Prefiere las zapatillas antes que cualquier otro tipo de calzado.
× El tiempo que pueda compartir con Patrick es para él mucho más valioso que nada, incluso, que la música.
× Aquel hombre en sí mismo, y lo orgulloso que está de saber que no podría amar a nadie más, y de él ha sido el primero en muchos sentidos de su vida.
× Los ojos de Patrick, no sólo por lo diferentes, también por lo que transmiten sin esfuerzo.

_________________________________________________________

Disgustos:

× Cometer errores, algo que sin duda detesta, y que lo enfada más de lo típico. Y peor cuando son equivocaciones que le sacan en cara.
× Su reacción incontrolable ante la tristeza, aquella de fingir indiferencia, aunque tenga los ojos llenos de lágrimas.
× Mantener en secreto su relación, pues, fuera de lo emocionante que resulte y en ocasiones no contadas, aquel hecho le juega muy en contra, al no poder defender su posición como amante de Patrick.
× Hacer siempre lo mismo, está seguro de que enloquecería de adquirir una rutina.
× Los champiñones, tanto así que cuando están crudos y en su poder, no puede evitar dibujarles caras, intentando volverlos incomibles.
× Las carnes en general.
× Los insectos sin colores o algo diferente al resto, y no porque piense que son simplones, sencillamente le causan repelus, que no puede ser aplacado por la curiosidad.
× El desprecio sin razón.
× Las películas de comedia, por algún motivo jamás le provocan el efecto deseado, y por ende, las aborrece. Su juicio sobre estas es que arruinan la imagen de los actores profesionales.
× El sexo sin trasfondo ni sentimiento profundo.

_________________________________________________________

Miedos & Fobias:

Bien sabe que su mayor temor en la vida es quedarse solo, o más bien, sin Patrick. Despertar un día y darse cuenta de que ha olvidado como realizar música.

_________________________________________________________

Otros:

× Ateo desde siempre, prefiere creer en él mismo.
× Ovolactovegetariano. Un tema de gustos y respeto.
× Se considera, y tiene el hábito de los Straight Edge; No fuma, no bebe, no usa drogas recreativas y es muy consecuente cuando asegura que no es promiscuo. Por esto mismo, su bolso tiene una X dibujada, así también, su guitarra eléctrica favorita, entre las dos primeras cápsulas.
× Posee un animal de peluche, un perro, para ser precisos, desde que tiene memoria, y no lo abandona por nada, es su secreto, y es tal por orgullo.
× Está aprendiendo alemán y habla un poco de francés.

_________________________________________________________

Hobbies:

× Practica Kick-boxing, cada tarde después de las siete, hasta las nueve, y falta sólo por situaciones puntuales.
× Colecciona recortes de revista, sólo las imágenes más bonitas y llamativas para él.
× Le gusta tomarse fotos con Patrick, siempre que puede, lo hace.
× Pasar tiempo junto al nombrado es su hobbie favorito, si se le puede llamar así.

_________________________________________________________

DESCRIPCIÓN PSICOLÓGICA
Un ser social, carismático y sorprendemente confiable, que no se inmuta ante cualquier cosa. Difícil es arrancarle la sonrisa del rostro cuando la vida tiene un orden aceptable. Tiende a mantenerse relajado, como si nada pudiese afectarlo, lo que puede transformarse en algo incómodo, o muy agradable. Y podría no parecerlo al conocerlo primeramente, pero es bastante volátil; Las palabras mal intencionadas más insignificantes pueden hacerle perder la calma, de modo que frunza el ceño y se muestre hostil, abusando de su manejo del sarcasmo inmaduro. Especialmente prepotente cuando la discusión trata sobre su amor y pasión.

Siempre infantil, a Pier no le faltan las ideas, las ganas de divertirse, ya sea alocadamente, o con algo que requiera de su concentración –pese a ser muy capaz mentalmente, prefiere lo primero-, fantasioso; hallarlo perdido en su mente no es inusual, ¿Y en qué piensa? Muchas cosas, qué hacer, cómo, por qué, o bien, lo hecho, lo frustrado, lo deseado, lo requerido, lo amado, lo odiado...

Es un buen amante, intenta darlo todo, sin tener que dejar de ser él mismo. Tiende al respeto, inclusive si cuesta por el temor, usualmente inconsciente, a ser ciego de alguna conducta de su pareja. Adora dar obsequios, aunque sean en contadas oportunidades, trata de que signifiquen algo, o sirvan, por lo menos. No le asusta el entregarse, lo hace sin mayor vergüenza que la inminente, y si la hay, la intenta aplacar. Confiado de quién tiene al lado para satisfacer el ansia de placer. Completamente fiel, Pier Gerlofs no podría engañar a su pareja sin sufrir por el remordimiento.

Galante y coqueto por naturaleza, es difícil que se guarde una sonrisa encantadora o una mirada fija y malinterpretable, especialmente porque acompaña éstas cosas con un mal hábito suyo, el de relamerse, a veces lento, a veces gracioso, a veces rápido y disimulado. Perfeccionista, Gerlofs intenta hacer todo bien, sin dejar de poner su corazón, quiera o no, en sus acciones más insignificantes.

Sea como sea, no mucho es predecible en Pier, por tanto que se le conozca, en oportunidades no contadas incluso sorprende a sus más cercanos, con nuevas actitudes o deseos, cosas que podrían no esperarse de él, muy decidido a hacer todo como mejor le parezca.

{×} Información de Vida

Padres:

× Bernhard V. Gerlofs Urie
× Elizabeth S. Donia Bouvier

_________________________________________________________

Hermanos:

× Ninguno, que sepa.

_________________________________________________________

HISTORIA

"Santa ya había pasado por todos los tejados de Leeuwarden, y fue un día después que llegué al mundo.

En plena madrugada asusté a mi madre, llenándola de preocupación ante mi inminente y prematuro nacimiento, claro, no lo recuerdo. Supongo que tal era el apuro que tenía por comenzar a vivir que no me molesté si quiera en darle tiempo para marchar al hospital. Todo ocurrió rápido y sorpresivo, según me contaron, que el doctor alcanzó a llegar a tiempo, que mi padre estaba pálido, y que cuando salí, lloré tan fuerte que desperté a todo el vecindario.

Estos días, sí los sé. Jamás olvidaré la fecha en que toqué por primera vez el piano, tenía casi cinco años, cuando mi padre deseaba enseñarme, y como si siempre lo hubiese estado esperando, en un par de horas comprendí el arte de independizar mis manos la una de la otra, aprendí notas, y me tomó un par de aplicadas semanas aprender una pieza de Beethoven, el ídolo de mi padre. Für Elise. En unos cinco meses, creo, no sé, ya sabía tocar la guitarra y el violín. Mi madre estaba tan feliz, mi padre también, recuerdo sus caras, cuando me escuchaba tocar y yo me deleitaba de lo que jamás querré dejar.

Fui a parar a un prestigioso colegio artístico, pero no por eso me salvé de matemáticas, o ciencias, u otras cosas que fueron y serán siempre, una pesadilla para mí. Aun siento ganas de disculparme, pues en más de una ocasión estuve a punto de quedar atrasado en esas materias. Y pese a la popularidad que había ganado, nada era de mi importancia, hoy les tomo peso, antes, no.

Para mí no existía nada sin mi música, tenía mi pequeño mundo de instrumentos, de cuerdas, membranas y tubos, pero como a todos, la realidad, cual agujero negro, logró tragarme. Habrían sido las cuatro de la mañana, sí, eso marcaba el reloj de la cocina, donde, cansados pero aun como fieras, mies padres disputaban a gritos cosas que en ese momento no comprendía, pues se ahogaban el uno al otro con sus chillidos. Imbécil yo, pregunté, con otro grito, ¿Qué ocurría? No me dejan dormir. Y el ataque se dirigió a mi, las verdades cayeron como siempre ocurre, y fui tratado de inútil fracasado, incluso de enfermo, un hijo mediocre, que aun pensaba que podría vivir de la música cuando creciera, etcétera. Muchas cosas que no me importan hoy, pero que en ese instante me trizaron el corazón. Protesté, y me gané un puñetazo y una bofetada. Nada demasiado terrible, pero que terminó con mi paciencia.

En pijamas, descalzo incluso, aun tengo en la planta del pie la cicatriz poco visible de un corte que me hice en esa loca carrera para escapar de las disculpas de mis padres. Muy atrás los dejé, yo muy joven y ágil, hallé un buen lugar donde esconderme. Y estuve allí por horas, enojado, hasta que comprendí que no era el único que sufría. Volví, cojeando, a mi casa.

Allí me recibieron, con los rostros demacrados, mis padres, que parecieron volver a respirar cuando hijo volver. Sucio, rasguñado y con algunas heridas, pero sano. Y tal fue la paz de aquel momento, que aposté mi vida a que no pasaría algo así otra vez. Cuán equivocado estaba. Porque el mismo día, por la tarde, una nueva discusión, pero ahora sabría yo el porqué del repentino desquebrajar de nuestra familia. Infidelidad. Mi padre, en sus constantes viajes de negocios a Inglaterra, había constituido otro hogar, otra vida. Y qué extraño se sintió saber que quizás no era su único hijo, que tal vez no eramos los únicos que teníamos como proveedor principal del hogar a Bernhard Gerlofs, que había otra mujer a la que llamaba esposa.

Nada podía hacer más que cuidar de mi madre. Dejé de lado la música, por algún motivo mis notas mejoraron durante un tiempo. Nada era igual. No se podían ver, bastaba una mirada para que quisieran arrancarse los ojos, y a empujones los debía separar. Él se iba por más tiempo, tal vez prefería a los otros, y eso terminaba de enfurecer a mamá. Por varios meses tuve que aguantar la depresión de ella, casi un año sin música, no me sentía capaz de nada. Nos habían abandonado. Lo supe cuando una llamada la hizo estallar en llanto. Ah, mi pobre madre.

Cursaba los catorce, y aquel año probé drogas, probé alcohol, fiestas y escapes, sin embargo, nada era satisfactorio, ni si quiera fui capaz de hacerme adicto, borracho. Yo tenía mi propio alucinógeno, mi propia recreación. Mi música. Mis sueños.


¿Que me fuera a Inglaterra? Sí, esa fue la oferta, o más bien, la imposición. En uno de sus caprichos de mujer soltera, especulo, Elizabeth decidió que debía marcharme con Bernhard. No quise, y sin madurez, intenté saltar tan desagradable paso. Sólo conseguí acelerar el proceso, irónicamente. Mas había un detalle, y era que mi papá no me quería en su casa, ¿A dónde iría? Con un par de maletas, un papel en la mano y mi incertidumbre, fui a parar al aeropuerto Heathrow, en Londres. Nadie me esperaba, sé muy bien, por suerte, sabía comunicarme, y aunque a veces el acento me impedía la fluidez, logré llegar al centro. Como en una película, me hallaba perdido en una ciudad hermosa, unas veinte veces más grande que mi pueblucho natal, y tan sólo con mis maletas y mi papel.

La moda era una: Scott King, quien comenzaba a anunciar su retiro. El hombre de los ojos más extraños que jamás vi. En muchas portadas aparecía su rostro, y yo, como buen extranjero y provinciano, no lo conocía. En mis largas horas de vagar logré escuchar sus canciones. Me gustó, y sorpresa me llevaría más tarde con respecto a todo eso.

¡Al fin! No sé cómo logré llegar, pero con desesperación y dolor en los brazos, toqué la puerta de la mansión, ignorante del timbre. Me abrió un hombre alto, que me hizo sentir más diminuto que mis maletas. Atrás quedó el chiquillo audaz, encogido entre sus hombros, mirando como el imbécil más grande esos ojos desiguales. Londres era más pequeño de lo que pensaba, el mundo en sí mismo se achicó más que yo entre mi escaso equipaje. 'Soy Pier', atiné a decir, mostrando el papel que me había guiado hasta aquella casa.

No lo había comprendido hasta ese momento, y mientras era recibido, me atacó una nostalgia horrorosa, caí en cuenta de que me habían rechazado de mi hogar, de que mi padre no me quería ver, y en cambio, me encargaba a un amigo suyo. Solo, nunca me sentí tan solo. Aunque una sonrisa me contagió algo de paz en medio de tanto tormento, Patrick -ese es el nombre de ScottKing- me atrapó al borde de las lágrimas, mas apaciguó todo en un rato, con regalías que ya no recordaba. De allí en adelante, todo debía ser mejor.

Con tu esposa no me llevaba tan bien, la mujer olvidaba que jamás me gustaron las carnes, y tal vez el día en que más se notó su descontento conmigo, y la cercanía que tenía con su esposo, fue aquel en que, por la mañana, antes de partir a la escuela, me obligó con el tono de una autoritaria madrastra, de las peores, a comer un pan con dos láminas de jamón, aquel lleno de imperfecciones que tanto le gustaba a ella, al parecer. Qué desagradable. Mas estoy seguro de que era una buena persona, y que sólo se trataba de los celos. Sí, eso, que la consumían porque yo me llevaba mejor con su marido que ella misma. Mujeres, supongo. Mas Eline era un ángel, en nada se parecía a su madre, y no negaré que también me removía el estomago en ocasiones, al menos los primeros meses en la casa Westcott. Nunca dejamos de llevarnos bien, incluso si a veces diferíamos. Sé que no perdonará lo que hice, cuando cumplí dieciséis.

Ah, Patrick, ¿Cómo iba a prever yo que algo así acontecería? ¿Soy quién para decirle a mi corazón que no ame a otra persona? Podría haber sido tu hija, nuestra vecina pelirroja de ojos verdes, o la hermana mayor de esta, que no me pasaba por más de un año. No. Fuiste tú. Con tu maldito no-sé-qué. Con tus ojos desiguales que usualmente me dejaban mirándote como a un gran imbécil, o esa actitud cariñosa, sincera. Fue algo más sano que una obsesión, y no me dolía -tanto- oírte en tu cuarto, encerrado con tu esposa, cuando lo único que querían juntos se llevaba a cabo. No sé por qué, jamás comprenderé, o no por ahora, el por qué de que aceptaras encamarte con ella aunque pareciera que no se querían. ¿Tales eran tus necesidades, hombre? Sólo podía mirarte de reojo al día después, como si en mí recayese algún tipo de autoridad sobre ti que me permitiese molestarme por el ruido que metían, tu esposa, al menos.

Algo había entre nosotros, cuando yo llegaba con alguna carta romántica y la depositaba sobre la mesa, porque no me interesaba si quiera leerla, y simplemente subía a mi cuarto a ser dichoso junto a mi guitarra, mientras esperaba a que llegaras de no sé dónde, y vieras aquel papel cerrado. Subías a preguntarme qué era. 'Una carta de amor', afirmé varias veces con descaro, y tu ceño se fruncía, yo reía, tan sólo para ponerme de pie en la cama y besar tu frente.

Mis insinuaciones se hicieron más varias, desde abrazos, besos a las mejillas, el mentón, mi afecto jamás pude medir, en mi inocente desconocimiento de lo que era besar en la boca, jamás me atreví antes de... aquel día.

Sí, maldita sea, por la mañana me llevaste a la escuela, y yo te despedí como pocas veces. Tú a mí también, y cuando volví, tarde, a casa, luego de mostrarte mis calificaciones, salimos a comer. Tu mujer no quería, claro, ¿Por qué llevabas a ese niño a cenar y no a ella? Envidiosa, ella se daba cuenta de nuestros lazos. Y nos fuimos, tú dispuesto a devolverme a casa, para quedarte fuera esa noche, pues no la querías ver. Ni si quiera llegamos a un restaurante.

Detuviste tu flamante vehículo junto al río, y yo corrí a ver el agua, sin querer empapé un zapato. Me abrazaste la espalda, y yo volteé el rostro para besar tu mejilla, devoto, varias veces, con un repentino fuego encendido, siento que puedo confesarme, y comienzo a hablar, sin embargo, logras enfadarme al encubrir nuestros sentimientos y acciones con simple fraternidad. Yo reniego, intento irme. ¡Ah!, claro, esa noche me regalaste mi collar, ese del que no me he desprendido. En fin. Volví al auto cuando me ofreciste llevarme, y terminamos en uno de tus lujosos hoteles, no, no es tan así como suena. Me ofreciste comida, y jamás respondí a esa oferta, creo. Y claramente recuerdo cómo te seduje, o lo intenté. Y te negabas, necio hipócrita, hasta que me atacaste tú. Lo hicimos. El amor. Algo parecido, y me dolió como no te imaginas. Fuiste bruto, demasiado, me enfadé por eso, mas a la mañana siguiente, mi ira se esfumó cuando me despertaste, y como al niño que era, me diste de comer, y te disculpabas. Te amo, te dije, aún no querías aceptarlo, y estuviste a punto de negarme al llamado de tu esposa, de decir que yo era un simple niño. Cómo me habría dolido. Y no, no lo hiciste.

Mi corazón suspiró con alivio, cuando le dijiste a Juliette que te quedarías conmigo, y a la vez, me preocupó, me sentí algo culpable, algo animal de mi alegría, de separarte de tu familia. Lo quiera o no, aun me cuesta pensar que no es una falta.

Aquí mismo, en Inglaterra, seguimos nuestra vida, juntos en secreto. Así es, nadie debe saberlo, al menos mientras estudie. Deseos tuyos, pues por mí aquello no sería misterio para nadie. Estudio aquello que me viene como anillo al dedo, y mantengo la esperanza de siempre ser uno de los mejores alumnos en mi carrera, sin hacer fallo a mis habilidades natas, que me han robado facilidades en otras indispensables, pero ya qué."





Última edición por Pier B. Gerlofs el Miér Ago 10, 2011 10:50 pm, editado 10 veces
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Re: Pier B. C. Gerlofs Donia

Mensaje por Audrey J. Schneider el Mar Ago 02, 2011 10:45 pm

postea una vez hallas terminado (:



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Everyone I know goes away in the end ,
And you could have it all, My empire of dirt
I will let you down , I will make you hurt .
Watch the Ladies say "Guantanamera"♪:

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Re: Pier B. C. Gerlofs Donia

Mensaje por Pier B. Gerlofs el Miér Ago 10, 2011 10:44 pm

Listo.

(:
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Re: Pier B. C. Gerlofs Donia

Mensaje por Elizabeth Gallagher el Jue Ago 11, 2011 3:37 am


¡Bienvenido al foro! (:


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Re: Pier B. C. Gerlofs Donia

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